Estabilidad de los árboles y su gestión

Los árboles, como todos sabemos, pertenecen al Reino Vegetal. Son organismos vivos que en la cadena alimentaria representan la base de la vida. Se definen como productores porque, a través del proceso de fotosíntesis clorofílica, producen carbohidratos.

Hoy en día, sin embargo, los árboles han llegado a matar al hombre, casi como si hubieran evolucionado a depredadores. Cuando se desploman al suelo, total o parcialmente, causan daños a coches y edificios y, en algunos casos, resultan también fatales para las personas. Por esta razón, cuando se vuelven peligrosos, antes de que puedan caer, son arrancados.

Esto no es una inversión de la cadena alimentaria, sino que ocurre debido a una mala gestión por parte del ser humano. Cuando caen es porque, fundamentalmente, no hemos puesto al árbol en las condiciones adecuadas para poder desarrollarse libremente, es decir, adecuadamente. Además, es importante destacar que su caída puede estar influenciada por una o más causas.

Decir que “los árboles no deben estar en la ciudad, salvo en lugares de reunión como parques o jardines”, es absolutamente erróneo. Por sus importantes funciones en la mejora de la calidad del aire y en la reducción del calor en los periodos más cálidos, es conveniente que estén distribuidos equitativamente por los distintos rincones de las ciudades. Sin embargo, necesitan un tratamiento diferente al reservado para los árboles situados en entornos “naturales”. Los factores a considerar son innumerables y es fácil cometer errores. En la ciudad, un árbol debe ser monitoreado SIEMPRE, desde la fase de plantación hasta la de crecimiento y senescencia (vejez). El tema es delicado, por lo que sería conveniente acudir siempre a un profesional Agrónomo que indique cómo intervenir.

Desafortunadamente, el personal interno de las administraciones suele ser poco competente, le cuesta comprender la importancia de los árboles en la ciudad y, por motivos económicos, se limita a confiar el mantenimiento de las arboladas únicamente a las empresas ejecutoras de las obras, que a menudo carecen de profesionalidad. Esta falta de competencias se traduce en daños irreparables para las plantas que no solo determinan una desvalorización de la propia planta, sino también una reducción estética, un aumento del CO₂ y de los contaminantes en la atmósfera, y su inestabilidad. Así, lo que tanto parece un ahorro económico, en realidad se convierte en un gasto mayor del que debería ser, sumado a un aumento del riesgo para la salud humana.

Para ayudarles a comprender mejor los problemas que afectan a un árbol en un entorno urbano, se ilustran a continuación algunos de los errores que se cometen a menudo en su gestión:

  • Suelo poco fértil: A menudo los suelos urbanos son poco fértiles, debido al uso de tierras de relleno procedentes de excavaciones en obras de construcción. Esta falta de nutrientes determina con frecuencia un fallo en el arraigo de las plantas. Por lo tanto, las plantas mueren y el gasto público resulta totalmente inútil.

  • Ausencia de tutores: Las plantas requieren estar más o menos inmóviles durante los primeros años tras su plantación. Fuertes vientos provocan el movimiento de la planta y la consiguiente rotura de sus raíces absorbentes. También en este caso, el resultado final es la muerte.

  • Defectos de formación: La planta, durante las primeras fases de crecimiento, requiere un control de la estructura que sostiene la copa. Una formación incorrecta de la estructura provoca el colapso de los órganos pesados de la planta, con la consiguiente aparición de heridas que la planta no logra cicatrizar. De este modo, la planta queda expuesta al ataque de hongos y bacterias.

  • Poda drástica (desmoche): No son más que cortes drásticos y sin sentido en ramas de gran tamaño. Esta intervención provoca la muerte de un número considerable de raíces y la reducción de la estabilidad. La planta responde produciendo brotes muy vigorosos, presenta dificultades para recuperar su porte natural y las heridas generadas por los cortes no se cierran, quedando expuestas al ataque de hongos y bacterias que comprometen su salud. Las plantas sujetas a estas intervenciones ya no son recuperables; presentarám un daño permanente que las acompañará el resto de su vida. En muchas ocasiones, la poda drástica puede incluso determinar la muerte del ejemplar.

Estos son solo algunos ejemplos de los problemas de gestión que un árbol puede sufrir en un entorno urbano. Para los ciudadanos no es importante saber cómo gestionar un árbol en la ciudad, sino saber que su presencia es fundamental para su propia salud y bienestar, y que la supervisión de los árboles debe ser confiada siempre a expertos del sector.

Omar DE FILIPPIS

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