Refundación «Paisa»: la Medellín que renace

Con 2,5 millones de habitantes, la ciudad está ubicada en un valle de los Andes, en la provincia de Antioquia. Entre finales de los años ochenta y principios de los noventa, la ciudad fue sede del cártel de Medellín. En este post les hablaré de Medellín, de sus bellezas, de su historia, de sus problemas y de su futuro. Rodeada de montañas, no parece para nada una metrópoli, a pesar de serlo. Su clima es perfecto; las temperaturas oscilan entre los 18 y los 26 grados durante todo el año.

Violencia y pasado

Si dices Medellín, dices Escobar; es un clásico. Este señor cambió la historia de la ciudad sembrando el pánico y la destrucción, pero también construyendo viviendas sociales para los más necesitados. Mis amigos y yo, de vacaciones por unos tres días en la ciudad, decidimos hacer un free walking tour para conocerla desde el primer momento (los free walking tours son visitas guiadas por el centro histórico de las ciudades; el tour es gratuito, pero al final hay que dejar una propina obligatoria). Nuestra guía se llama Mary, una mujer de unos cuarenta años nacida en Medellín que continuó sus estudios en EE. UU. Nos cuenta la historia de su ciudad, de las bombas que explotaron y de los cambios de los últimos años. Lo que me llama la atención de Mary es que nunca pronuncia el nombre de Escobar, aunque cita a menudo su figura; simplemente se refiere a él como el criminal más peligroso de la ciudad.

La ciudad de Medellín cuenta con un sistema de metro supereficaz. Si para un europeo, el metro es algo normal, aquí en Colombia no lo es en absoluto, y les explico por qué. Cuando los «paisas» —así se les llama a los habitantes de Medellín— dicen que esta es la única ciudad colombiana que tiene metro, lo dicen con orgullo.

Mary nos habla de los tiempos de su adolescencia: «Escombros y caos; bombas, disparos y secuestros eran la rutina diaria en esta ciudad, considerada hace veinte años como una de las más peligrosas del mundo». Mary no se conmueve, pero yo casi lo hago, porque su relato es realmente conmovedor. Continúa hablándonos de su Medellín señalando el paso elevado de una calle situada a poco más de 50 metros de nosotros: «Allí explotó una bomba que dejó más de 40 muertos y, sin embargo, si preguntas por ahí nadie la recuerda. ¿Saben por qué? Porque explotaron cientos de ellas y es imposible recordarlas todas».

Renacimiento

Los colombianos han sabido crear entre los escombros una smartcity espectacular, y lo han hecho en el lugar que era el símbolo de la violencia. El emblema de este cambio son el metro y el Metrocable; este último es un sistema de teleféricos que conecta el centro con las periferias, tradicionalmente más desfavorecidas, reduciendo el tiempo de trayecto de dos horas y media a solo diez minutos: un milagro.

Camino con mis amigos por las calles de Medellín y siento una sensación extraña que normalmente no percibo en Barranquilla: la seguridad. Medellín ha renacido, y si ha sido posible refundar una ciudad aquí, es posible hacerlo en cualquier lugar. Queda mucho por hacer en algunos barrios que siguen estando fuera de los límites incluso para la policía. La droga está presente y se nota, no falta gente sufriendo en la calle, pero también se siente la fuerza y la esperanza de los paisas.

Quien viene a Colombia no puede dejar de visitar esta ciudad. La gente sonríe y es adorable; por la mañana, por ejemplo, al encontrarte con un colombiano en un bar, no es raro escuchar que te pregunten: «Buenos días, ¿cómo estás y cómo amaneció?». En Colombia puedes estar viajando en un autobús y que la gente empiece a cantarle el cumpleaños feliz al conductor. En Colombia hay alegría y esperanza en el futuro; en muchos paises de Europa, Italia incluida, no.

Cuentos de viaje, octubre de 2017, Luca Di Pietro


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